|
Autoestima y Terapia racional emotiva (De trajes y percheros)
No es que este en contra de algunos libros de autoayuda (que lo estoy), pero… ojeando el otro día por la casa del libro, sección psicología (autoayuda), percibía un ambiente extraño detrás de aquellos títulos que prometían cambios radicales en nuestras personalidades. Llenos de ideas para ascender y sobresalir, rebosantes de éxito, hinchados del poder que cada uno lleva dentro de si. Había algo que no me convencía excesivamente en toda esa cultura del éxito personal. De tanto leer acerca de mi potencial interior, acabe agotadísimo. Y es que uno termina acurrucado en la cama, pensando que además de los cuerpos Danone, este verano, vamos a tener que exhibir una inteligencia emocional de talla 38. Y claro, uno se levanta a medianoche con palpitaciones. Pues esto viene a colación del manido tema de la autoestima. Ya que en algunos casos, se ha tergiversado este termino, hasta el punto que uno tiene la sensación de que se ha convertido en una especie de fuerza sobrenatural que permite rebasar nuestros limites de lo imposible. Con la autoestima y el pensamiento positivo uno puede ser completamente feliz, hacerse millonario, conseguir a la persona que deseas, tener éxito en tu entorno social, vencer el cáncer, ser un líder nato, adelgazar, dejar de fumar… una especie de triunfo global. Nunca estaré más de acuerdo con Ellis cuando afirma que no deberíamos confundir la autoestima con el éxito. Uno se puede aceptar a si mismo condicional o incondicionalmente. De la primera forma, mi valor, esta supeditado a la proporción de mis éxitos. Es decir, si consigo que Juanita me ame, entonces seré un tipo estupendo, y me considerare un ser humano digno y capaz. Así que me esforzare por llegar a ser un triunfador, quedare el primero, y de esta forma habré demostrado lo mucho que valgo. Claro que esto tiene un problema, y es que, si somos realistas, en una carrera de diez corredores, solo gana uno. ¿Qué hacemos con los otros 9? ¿Acabaran su vida con los estigmas del fracaso, llenos de rencor hacia el mundo, porque perdieron la oportunidad de su vida? ¿Dividiremos el mundo entre los gusanos perdedores y los angelicales ganadores? La verdad es que esto no tiene demasiada lógica, aunque el mundo se rija en gran parte, según esas leyes. Frente a esto solo nos queda la segunda opción. La incondicionalidad. Esto viene a decir, que el único motivo, por el cual puedo aceptarme a mi mismo o a los demás, es por el hecho de que existo, porque soy, sin entrar en ningún tipo de juicio valorativo más que vaya más allá de ese hecho. Para Ellis la aceptación incondicional de uno mismo es la única vía para alcanzar la felicidad. Propone no evaluarnos como un todo, porque en el momento en que realizamos juicios absolutos sobre nuestra persona estamos etiquetando y condenando. Por ejemplo. Margarita es extrovertida. ¿Qué significa eso? Significa esencialmente que margarita es extrovertida en todos y cada uno de los momentos de su vida. Margarita come extrovertidamente, duerme de forma extrovertida y hace el amor con mucha extrovertividad (si existe este termino, que lo dudo). Etiquetaremos a Margarita, ya que esta ha sido, es, y siempre será extrovertida. Ellis cuestiona nuestra creencia en un sistema de valores absoluto. No puede existir un medidor totalmente objetivo de que algo es totalmente bueno, o totalmente malo. A continuación repasemos algunos de los principales argumentos en las que se basa: a) Si el individuo cambia… ¿como podemos valorarlo de forma absoluta? Somos procesos en un desarrollo continuo. b) Las características que me definen como bueno o malo dependen del contexto. Un asesino despiadado es terrible para un juez, pero muy útil a un general en tiempos de guerra. c) Imaginemos que un hombre miente a su mujer y da una paliza a su hijo. Quizás el primer acto sea menos penalizado en apariencia que el segundo. ¿Pero en que medida?, ¿cuantas mentiras, y en que grado son necesarias para igualar el grado de maldad de una paliza? d) ¿Existe alguna proporción geométrica para evaluar maldad o bondad? El mismo hombre de antes… salva a todos los niños de un colegio de morir en un incendio, arriesgando su vida. Luego llega a su trabajo, y resulta que es verdugo y tortura a gente. ¿Podemos penalizarle con un 75% menos de buena persona, debido a su trabajo? e) Si solo soy un 13 % bueno, quiere decir que nací inútil, que nunca seré valioso y que merezco ser asado en algún tipo de infierno. f) Las cualidades o defectos del hombre son diferentes cualitativamente hablando, pero no cuantitativamente. Ellis habla de peras y manzanas, no podemos fusionarlas, ni dividirlas para formar una clasificación global, individual y exacta de una cesta de fruta.
Existe pues una diferencia entre ser valiente, y comportarse de una forma valiente. Y esta definición segunda es mucha más precisa y verdadera.
Otro punto interesante es el de como sobrevaloramos determinadas cualidades en detrimento de otras. Whitman decía: "¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo.Soy amplio. Contengo multitudes." Uno no puede definirse, como hemos visto, siendo fuerte o débil, extravertido o introvertido. Diríamos, por hacer una analogía, que somos un perchero que se pone determinados trajes. Pero, ojo, no “somos” los trajes. El peligro surge cuando decidimos que ciertos trajes son validos y otros no, creando un desequilibrio que nos lleva a aceptar como validos determinados polos de un continuo. Por ejemplo, parece que estamos en una sociedad en la que se valora el traje del fuerte, y desprecia la debilidad, como decíamos al principio de este articulo. El centro de determinadas personas no se sitúa en su perchero, si no en su traje. Si no aceptan su debilidad, se romperán. Si la condenan, terminaran condenándose a si mismos. El frío no puede existir sin el calor, y la irresponsabilidad no tiene sentido si no existe nuestra irresponsabilidad. En nuestra rigidez, solo aceptamos una parte de las fichas del juego, y eso nos limita. Siempre me ha gustado ese proverbio de “si preguntas eres tonto, pero solo cinco minutos, si no preguntas serás tonto toda la vida”. Es impensable aprender sin el tonto, porque nos permite vaciarnos de lo que sabemos, nos permite darnos cuenta de nuestra ignorancia. Y sin conciencia de ignorancia, entonces no hay aprendizaje.
Si nuestro centro es uno de nuestros trajes, y no el perchero nos encerramos en una serie de exigencias. Volver a algunas partes del perchero es zona prohibida. Hay una especie de sentimiento claustrofóbico en la fortaleza. Uno no puede mostrar nada más, y eso es agotador, ya que no siempre podemos estar en un extremo del continuo. Si no ampliamos nuestro vestuario, nos perderemos gran parte de lo que nos puede ofrecer la vida. Ellis presupone que en realidad existe una interpretación errónea del concepto de Yo, del otro y del mundo. Y que es el funcionar con mecanismos rígidos y absolutistas lo que provoca que nos trastornemos. Aprovecharemos para hacer un pequeño repaso acerca de algunas creencias irracionales que, según Ellis, nos trastornan:
· La idea de que ciertos actos son feos o perversos, por lo que los demás deben rechazar a las personas que los cometen; en vez de la idea de que ciertos actos son autodefensivos o antisociales, y que las personas que cometan estos actos se comportan de manera estúpida, ignorante o neurótica, y sería mejor que recibieran ayuda. Los comportamientos como estos no hacen que los sujetos que los actúan sean corruptos. · La idea de que es horrible cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran; en vez de considerar la idea de que las cosas están muy mal y por tanto deberíamos cambiar o controlar las condiciones adversas de manera que puedan llegar a ser más satisfactorias; y si esto no es posible tendremos que ir aceptando que algunas cosas son así. · La idea de que la miseria humana está causada invariablemente por factores externos y se nos impone por gente y eventos extraños a nosotros; en vez de la idea de que la neurosis es causada en su mayoría por el punto de vista que tomamos con respecto a condiciones desafortunadas. · La idea de que si algo es o podría ser peligroso o aterrador, deberíamos estar tremendamente obsesionados y desaforados con ello; en vez de la idea de que podemos enfrentar de forma franca y directa lo peligroso; y si esto no es posible, aceptar lo inevitable. · La idea de que es más fácil eludir que enfrentar las dificultades de la vida y las responsabilidades personales; en vez de la idea de que eso que llamamos “dejarlo estar” o “dejarlo pasar” es usualmente mucho más duro a largo plazo. · La idea de que necesitamos de forma absoluta otra cosa más grande o más fuerte que nosotros en la que apoyarnos; en vez de la idea de que es mejor asumir los riesgos que contempla el pensar y actuar de forma menos dependiente. · La idea de que siempre debemos ser absolutamente competentes, inteligentes y ambiciosos en todos los aspectos; en vez de la idea de que podríamos haberlo hecho mejor más que necesitar hacerlo siempre bien y aceptarnos como criaturas bastante imperfectas, que tienen limitaciones y falibilidades humanas. · La idea de que si algo nos afectó considerablemente, permanecerá haciéndolo durante toda nuestra vida; en vez de la idea de que podemos aprender de nuestras experiencias pasadas sin estar extremadamente atados o preocupados por ellas. · La idea de que debemos tener un control preciso y perfecto sobre las cosas; en vez de la idea de que el mundo está lleno de probabilidades y cambios, y que aún así, debemos disfrutar de la vida a pesar de estos “inconvenientes”. · La idea de que la felicidad humana puede lograrse a través de la inercia y la inactividad; en vez de la idea de que tendemos a ser felices cuando estamos vitalmente inmersos en actividades dirigidas a la creatividad, o cuando nos embarcamos en proyectos más allá de nosotros o nos damos a los demás. · La idea de que no tenemos control sobre nuestras emociones y que no podemos evitar sentirnos alterados con respecto a las cosas de la vida; en vez de la idea de que poseemos un control real sobre nuestras emociones destructivas si escogemos trabajar en contra de la hipótesis masturbatoria, la cual usualmente fomentamos. (Extracto de The Essence of Rational Emotive Behavior Therapy de Albert Ellis, Ph D. Revisado, mayo 1994). Rogers también hace hincapié en la imagen distorsionada de uno mismo, como consecuencia de la censura de los otros, que termina internalizandose de nuestras experiencias sensoriales, necesidades emocionales y conducta. Básicamente la evaluación del individuo lo que hace es distorsionar nuestra experiencia, impidiendo experimentar lo que estamos viviendo. Anteponiendo el juicio a lo que experimento. Volvamos al ejemplo del tonto. El tonto es algo que nos dicen que no debemos experimentar, y por eso nos lo perdemos y lo alejamos, condenando una parte de nosotros mismos. Es lo que Rogers denomina entonces, incongruencia o disociación (separación entre el concepto propio y las experiencias del yo). ¿Recuerdan el principito? El protagonista estaba impresionado por un dibujo que había visto de pequeño, y que representaba una boa constrictor tragándose una fiera. Reflexionando, realiza un primer dibujo, donde representa a una boa que se ha tragado un elefante…
Pero nadie lo entiende. Porque todo el mundo piensa que es un sombrero. Así que realiza otro dibujo para que lo entiendan, para ser comprendido
Hemos intentado expresar muchas boas constrictor que originalmente hemos sentido y experimentado, pero nos han repetido tantas veces que son sombreros, que hemos terminado por creerlo, abandonando nuestras carreras de pintores. Así que la aceptación de uno mismo esta basada en un conocerse de forma autentica, en dar cabida a todas las partes que somos, sin ocultarnos, ni parapetarnos detrás de los que no debemos ser. Recordando a Shakespeare en Macbeth: “Sombra ambulante es esta vida, mísero actor que en el escenario se afana y pavonea un momento y al cabo, para siempre, calla su voz. Relato de un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa”. ¿Por qué negar al idiota? Llenamos la vida de ruido para taparlo continuamente. No hubiese estado mal que alguien nos hubiese dicho a tiempo que ser un idiota no es tan malo al fin y al cabo. Pero en fin…, hubiese sido otra historia, y estaríamos hablando de otros que ahora no somos.
Rubén Casado
|
|