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Agorafobia: un problema cada vez mas común

                                               (Alberto Garcia-Filipa Afonso-Rubén Casado)

 

Los trastornos de ansiedad son un problema actual que merece nuestra atención, ya que se estima que un 17% de la población padece o padecerá de algún tipo de problemática relacionada con los trastornos de ansiedad.

 De los diferentes trastornos existentes hemos decidido dedicar este artículo a la Agorafobia, ya que atendemos varios pacientes con esta problemática, ¿y nos hemos dando cuenta del aumento de la procura del psicólogo ….?

 Empecemos por la etimología de la palabra. Agora + Fobia: Agora viene del griego Ágora que significa Plaza Pública, lugar de reunión o discusión; y Fobia viene del griego Phóbos que significa Temor, miedo mórbido sobretodo por su carácter obsesivo. Y nada mejor que juntar estas dos palabras y crear una sola para definir lo que hoy conocemos por Agorafobia, que según la DSM IV-TR es la “ansiedad por se encontrar en lugares o situaciones en los cuales la fuga pueda ser difícil (o embarazosa) o en los cuales pueda no tener ayuda disponible en caso de tener un ataque de pánico inesperado o situacionalmiente predispuesto o situaciones semejantes al pánico. Las situaciones más comunes incluyen estar solo en casa; estar en una multitud o esperar en una fila; cruzar un puente y viajar en coche, autobús, tren o avión.”

 Por paradójico que parezca, los ataques de pánico son resultado del miedo. Este podría ser el testimonio de una persona que ha padecido un episodio de pánico:

 "Súbitamente sentí una oleada de miedo sin que hubiera razón alguna. El corazón me latía apresuradamente, me faltaba el aire, sentía que no podía respirar, el corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salirse por mi boca. Me dolía el pecho, tenía mareos, ganas de vomitar, no podía parar de temblar. Sentía que me moría. Era como una agonía mortal que nunca terminaba"

  Todo comienza con unas sensaciones, que interpretamos como desagradables. La angustia que sentimos ante esa misma situación hace que nuestras sensaciones se incrementen, se hagan más intensas. De nuevo las reinterpretamos y nos centramos en esas sensaciones, desencadenándose entonces pensamientos catastrofistas en los que la persona cree estar en peligro, formándose una espiral, una pescadilla que se muerde la cola. La espiral termina cuando la persona cree realmente que la situación está bajo control, o bien cuando escapa hacia un lugar seguro.

Hay un dato importante a tener en cuenta, que caracteriza todas las fobias y que la diferencia del miedo, que es la evitación. En la fobia hay evitación de la situación temida que incondicionalmente lleva a la limitación del día-a-día y especificando para la agorafobia nos damos cuenta que esa evitación lleva a que poco a poco la persona restrinja su movilidad y vida social ya que a medida que pasa el tiempo la enfermedad va ganando terreno permitiendo cada vez menos lugares de acceso.

 La persona conecta entonces con un sentimiento de inseguridad, que hasta entonces no había experimentado. Es como si se encontrase de pronto suspendida en el vació, y las herramientas que hubiese utilizado para desenvolverse en el mundo conocido, se volviesen obsoletas. La agorafobia tiene algo de regresivo, de volver a ser un niño, reencontrándose con el desamparo que ello conlleva. Se traslada la seguridad a lo externo y a las figuras protectoras, en lugar de estar basada en el autocuidado.

 Todo esto comporta una relación con el entorno basada en la dependencia, con todos los problemas que ello implica. El agorafobico juega sus bazas para manipular el ambiente, y no enfrentarse a aquellas situaciones que teme, por miedo al miedo. La dependencia es un arma de doble filo, y aunque la manipulación pueda tener éxito y logre evitar las situaciones ansiogenas, afecta enormemente a la concepción que la persona tiene de si misma. Generando, además, culpa y sensación de inferioridad frente a los otros. La autoestima es la gran perdedora en esta lucha.

La agorafobia se convierte, más que un trastorno, en un estilo de vida en multitud de casos. El agorafobico se adapta a su miedo, convirtiéndose este, en el centro de gravedad, alrededor del cual gira su mundo. La persona y el pánico se hermanan en un viaje circular, del cual parece cada vez  más difícil salir.

Puede contribuir en mucho la sociedad de hoy, una predisposición personal para padecer este tipo de problemática. Nos sentimos solos en la multitud!. Somos más individualistas, conocemos a mucha gente, pero confiamos en poca. Esta predisposición la podríamos definir como la tendencia a reaccionar de una determinada manera ante determinados estímulos (pensamientos, acciones, situaciones y lugares). Por ejemplo ante una misma situación como puede ser ganar la lotería, habrá gente que se pondrá muy contenta, pero también habrá gente que se pondrá aprensiva con miedo a ser robadas... pues con respecto a los trastornos de ansiedad pasa un poco lo mismo, ante una misma situación  habrá gente que desencadenará algún proceso de ansiedad problemático y habrá gente que no.

 En AMADAG (Asociación Madrileña de Agorafobia) tenemos como objetivo dinamizar terapias de grupo donde hay la posibilidad no sólo de conocer a personas con el mismo trastorno en diferentes niveles de evolución y con diferentes modos de afrontar sus miedos, si no también tomar conciencia de lo que realmente le pasa a nivel interno y encontrar herramientas para afrontar el problema hasta la disminución/extinción de lo mismo. Según nuestro punto de vista la intervención más eficaz tiene como base la perspectiva de cognitivo-conductual, donde a través de técnicas especificas se trabajan los miedos que la agorafobia conlleva, bien como herramientas para prevenir/ extinguir los ataques de pánico cuando es el caso. Sin embargo, nos damos cuenta que este planteamiento debe ser complementado con otras corrientes mas psicodinámicas, que permitan trabajar con mas profundidad, la actitud de la persona hacia el trastorno, siendo este un punto clave en la recuperación de la persona.