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El temor y el deseo

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Hace tiempo, cayo en mis manos el maravilloso disco “lagrimas negras”, ese disco tan fantástico en el que Bebo Baldes, y El Cigala comparten tablas, y escuche la adaptación de aquella canción del hombre que habla con su corazón, y le dice que no entiende como puede uno querer a dos mujeres a la vez, y no estar loco.

Digamos, por hacer una comparación, que la mente de aquel hombre estaba en occidente, y el corazón en oriente. Occidente, heredero de la filosofía Aristotélica, no puede admitir que sucedan dos cosas aparentemente contradictorias. ¿Se ama o se odia? ¿Se es fuerte o se es débil? Esta dicotomía del pensamiento ha caracterizado a la mentalidad occidental. Así que dentro del corazón humano conviven fuerzas aparentemente contradictorias, y aparentemente insostenibles. Fuerzas que la lógica no puede explicar, y sin embargo, ahí están.

Se pueden amar a dos mujeres a la vez, aunque nuestra razón no lo entienda. Se puede querer salir de un problema, a la vez que una parte de mí, se resiste a hacerlo. Si no no se explicarían muchas cosas. ¿Cómo nos sabotearíamos de la forma en que lo hacemos si no es así?. No podemos ser muy ingenuos, para no ver la parte de mi que esta instalada en el problema, y se alimenta del problema. No es algo tan descabellado, solo es costumbre de estar, y si a la mente le gusta mucho algo es lo conocido. Así que cuando la agorafobia pasa a ser lo conocido en mi vida, es mucho mas difícil desembarazarnos de ella.

El deseo y el miedo van de la mano. Detrás de muchos miedos, uno descubre deseos insospechados. Me llama la atención cuando la gente habla de aquella época en la que le gustaba viajar, y yo me pregunto ¿Y ahora no le gustara viajar?. Pues claro, no ha dejado de desearlo, aunque le de miedo. Es preciso detenerse en este punto e investigar: seguimos deseando, a pesar del miedo. Porque me parece que la persona se limita de una manera espantosa cuando solo se queda con el temor. Es como si ya no tuviese derecho de seguir sintiendo ese deseo. Es como el amante rechazado que se avergüenza de su apasionamiento por no haber sido correspondido. Aún si este era lo mejor que tenia, lo mas claro. Que el otro coja el testigo o no es algo sobre lo que no tenemos control, esta en su derecho de aceptarnos o rechazarnos. ¿Pero quien nos mandara a nosotros sentir vergüenza de algo tan genuino?

Me da la impresión de que convertimos al miedo en una estrella tan luminosa que no permitimos que nada mas ilumine nuestro cielo. Tenemos miedo a desear porque no queremos enfrentarnos con la frustración. Pero la frustración es el inicio del movimiento. Yo no puedo empezar a comer si no tengo antes la desagradable sensación del hambre.

No podemos olvidar pues que uno no solamente tiene miedo a hacer las cosas. Y esto que parece de cajón, tiene una profundidad y una trascendencia mayor que el que estamos dispuestos a otorgarle. Porque el deseo es una fuerza que nos lleva. Es el Eros, la esencia vital, la que nos impulsa a experimentar.

Esto me recuerda a la historia que se cuenta en la que el general esta en una trinchera, con un soldado, que esta temblando y da evidentes muestras de miedo. Entonces el general indignado le reprende: “Es una vergüenza para el cuerpo que se comporte de ese modo soldado”.
A lo que el soldado replica “Es posible general, pero soy el único que se ha quedado con usted, el resto del pelotón se ha ido hace un rato”. ¿Vemos?, el miedo no es el final, sino tan solo una manera de estar. Incluso, si rizamos el rizo, el objetivo no es no tener miedo, sino poder estar con el. Seamos buenos enemigos.


Rubén Casado


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