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Esas frases

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Los diálogos interiores (Esas frases…)

Hay un chiste sobre Jesuitas y franciscanos. El franciscano le pregunto al obispo si podía fumar mientras rezaba, lo que le costó una buena reprimenda, sin embargo el jesuita se dirigió al obispo de otra manera, ya que le pregunto: Su santidad, ¿puedo rezar mientras fumo?, a lo que el obispo acepto encantado.

Nosotros los agorafobicos…

Muchos de mis pacientes son expertos en agorafobia, y algunos de ellos suelen empezar con esta frase, de tal manera que se incluyen en este trastorno de la misma manera que uno se incluye en una etnia, sexo o cualquier otro tipo de clasificación basada en la genética. Es como si dijésemos: "mira fulanito, yo soy caucásico, varón y agorafobico". Claro que uno termina pensando si uno se puede operar de eso.

Un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río. El escorpión, intenta convencerle a la rana, diciéndola que no va a hacerle el más mínimo daño, ya que si intentase picarla, los dos perecerían ahogados. La rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula ¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos ante lo que el escorpión añade lacónicamente: "no tuve elección, es mi naturaleza".

¿Qué es eso de ser agorafobico?. Significa casi que naciste agorafobico, y que morirás agorafobico. Pero no solo eso, aun hay más. También estamos queriendo decir que me encuentro ante lo que realmente me define. Digamos que si las personas fuésemos tiendas, tendríamos un escaparate, luego una zona de comercio, donde se hacen las transacciones y exponemos las mercancías y mas al fondo una trastienda, donde guardamos los stocks. Los problemas de las personas, suelen estar en la trastienda, o en algún lugar cercano a la caja. En ocasiones lo podemos ver en el escaparate. Algunas de las personas que padecen agorafobia, pueden hacer de ella su carta de presentación, de tal forma que los primero que contemplemos de ellas, sea un escaparate que solo da cabida a la agorafobia, o al pánico. El dueño de la papelería de al lado de mi consulta, va acumulando cada vez mas cajas en su tienda. Debe de tener una especie de Diógenes, pero en versión papelería, porque cada vez que voy a comprar un cuaderno, queda menos espacio en el mostrador. Esta última vez apenas podía verle, y me devolvió el cambio un brazo que salía de entre las cajas de lápices del cuatro y los paquetes de folios. Así pasa con los que se terminan proclamando agorafobicos. Porque dejan de ser simpáticos, graciosos, introvertidos, vitales o descuidados. Son agorafobicos.
Para quienes ser agorafobico es una afiliación más fuerte que ser del Real Madrid, no hay horizonte posible. Y ojo, esto no quiere decir que posiblemente nos encontremos ante personas, que por genética o educación van a ser más sensibles a la ansiedad, o que hayan experimentado la experiencia del pánico y les ha marcado, mientras que otras personas la desconocen, pero nadie es agorafobico de cuna: el agorafobico no nace, se hace.

Yo quiero volver a ser como antes.

Esta frase es una forma de afirmar cualquier tiempo pasado fue mejor, y uno de los mayores disparates en los que se embarcan nuestros pacientes, aunque, todo hay que decirlo, estamos hablando de una de las frases estrella.
¿Recordáis la historia de Lot?. Según el relato bíblico, cuando Jhavé mando la lluvia de azufre sobre Sodoma y Gomorra, para destrucción de sus habitantes pecadores e inmorales, dio a Lot y a su familia, por ser éstos justos y buenos, la oportunidad de huir y ponerse a resguardo de la furia divina.
Existía una sola condición tenían que observar para alcanzar la salvación: nunca debían mirar hacia atrás, o serían de irremediablemente convertidos en estatuas de sal. La esposa de Lot desobedeció el mandato de Jhavé, giró su rostro hacia atrás durante la huída para llevarse en las retinas la última imagen de la ciudad destruida…y quedó inmovilizada de inmediato, convertida en el monumento a la desobediencia, tallado en sal pura.
Al sublimar el pasado estamos viéndolo como una época bella y perdida que no volverá jamás. Total que ahora, solamente nos queda vivir como viejas glorias al estilo Gloria Swanson en el "crepúsculo de los dioses". Uno establece una competición contra un pasado glorioso, contra un coloso sin agorafobia que corre en la calle de al lado.

Habrá tormentas, hijo mío.
Habrá tormentas.
Y en cada tempestad
Tú creerás que estás solo
Enfrentando a los crueles vientos.
Pero con el tiempo la ira y la furia
menguarán,
y cuando el cielo se despeje
te encontrarás
prendido de alguien
a quien nunca hubieras conocido
si no fuera por la tormenta.
Margie De Merrell

¿Cómo luchar contra un pasado idealizado?.

Ya es demasiado tarde para mí.

Esta frase es de sufridor profesional, como diria Watzlawick. Una variante de esta actitud es la de pensar que nadie lo tiene tan crudo como uno mismo. Hay una secreta sospecha entre algunas de las personas que acuden a nuestros grupos cuando les informamos que aproximadamente, un 80% de las personas mejoran bastante, ellos saben que se encuentran dentro del 20% restante.
De acuerdo, he tenido ya miles de ataques de pánico y no me ha pasado nada, pero eso es lo que les pasa a los demás, no a mí, a mi sí que me puede pasar algo.
Si, ya sé que es posible que la gente pueda hacer una vida normal, pero no han tenido una infancia como la mía, o no han vivido el rechazo como yo. Además no han sufrido tanto. Esto es lo que diferencia al agorafobico profesional, de esos aficionados de pacotilla que se pasean por las consultas. Luego podemos seguir jugando a pata de palo en nuestra torre de marfil.

Pero Vs Y (el temor y el deseo).

Que utilicemos pero vs Y en una frase, cambia totalmente el sentido de esta. Fijaros:
- Iría a Palma de Mallorca, pero tengo agorafobia.
- Iría a Palma de Mallorca, y tengo agorafobia.
En la primera frase la agorafobia es una condición que hace incompatible el ir a Palma de Mallorca, en la segunda, hablamos de la agorafobia como una dificultad.
Si se que no me va a para nada pero… se pasa tan mal.
Esta es una variante, del juego sí, pero…, en el que la persona no está prestando la menor a lo que dice su interlocutor, solamente ve una salida: no pasarlo mal. Pero ya no hay grados, si nos fijamos. Da igual tener una ligera taquicardia, o una incómoda sensación de extrañeza, que una crisis de ansiedad descomunal. La máxima es no tener sensaciones que yo considere incomodas o desagradables por nada del mundo, ya que todo se ha convertido en horrible.
Horrible si recordamos, quiere decir que no se puede abarcar y es inconmensurable. Al catalogar esto de esa forma catastrófica, no existe un poco o un mucho, solamente existe o no existe la sensación, y si existe debe evitarse.



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