Asociación Madrileña de Agorafobia


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Testimonio de B

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El dia en que todo se nublo


Testimonio de una persona de la asociación.

No recuerdo bien como empezó el día en el que todo se nubló, que todo empezó a dar vueltas y el miedo se apoderó para pasar a ser parte importante en mi vida, por no decir parte cruel y embaucadora que me acogió en sus brazos y no quiso soltarme, ¿o será mejor decir que yo no quise que me soltara?

Recuerdo ir al colegio que había cerca de casa, y que siendo muy pequeña era solitaria en el recreo, recuerdo leer en alto y de pié en clase y saber que oían lo que yo leía pero en mi cabeza yo oía- "di que quieres ir al baño, di que quieres ir al baño"- pero era más fuerte la vergüenza que parar de leer y que todos se fijasen realmente en mi, por que yo quería pasar desapercibida aún siendo el centro de la lectura. Pues me oriné encima y fue peor la vergüenza que pasé, y no es que recuerde las risas o lo que realmente pasara pero si recuerdo estar sola y mojada, en invierno, en el recreo, y después la regañina de mi madre por no haber dicho nada en clase. En fin, creo que ahí ya era una niña tímida, insegura, responsable, atemorizada y sobre todo invisible.

Creo que eso es lo que siempre deseaba ser "invisible", la que me sentaba atrás del todo, la que era poquita cosa y que aunque cuando ya empecé a crecer tenía muchas amigas, porque ya me había encargado yo de no estar sola. Me llevaba bien con todas y sobre todo con las guapas, las líderes.

Recuerdo en el colegio E.G.B., como empezaban ya los mareos, como ya se convertían en un engorro, me asustaba tener cualquier enfermedad y durante largo tiempo pensé en un tumor en la cabeza que me oprimía y era el causante de mi continuo mareo, mi madre me llevó a diferentes médicos sin resultado en tumores o cualquier otra cosa que pudiese aliviar mi sin vivir, y sí, digo bien "aliviar" porque realmente yo en el fondo y sin saber las consecuencias buscaba una enfermedad a toda costa.

Hubo un tiempo mágico, incierto, deseado…, por la inocencia y la inmadurez.

Y ahora miró para atrás y me siento mayor, muy mayor.

No tengo recuerdo de muchas de las cosas que sucedieron en mi niñez, dicen que eso es síntoma de una niñez que no es traumática ni de mucha felicidad, una niñez "normal", y digo yo, siempre quise ser normal, por qué entonces tuve una niñez "normal" una niñez qué no recuerdo? Durante toda mi adolescencia lo único que me preocupaba era ser buena, caer bien, era modosita, educada al extremo, tanto que siempre oigo a mi madre decir que era una niña con la que se podía ir a cualquier sitio por que no me movía de donde me sentaba.

Un día fui a casa de una amiga junto a otras niñas más, al entrar en la casa todas siguieron a la dueña excepto yo que me quedé en la entrada esperando a que su madre me diese permiso para entrar- "Mirar que niña más educada!!!", dijo la madre, y sí, era cierto, pero eso me ha condicionado toda mi vida, era pedir permiso en silencio, no molestar, no llamar la atención. Solía vestir de negro y sentarme en la última fila, cuanto menos se me viese mejor.

Hasta mi madre se avergonzaba de mi, como el día que fue ha hablar con mi tutora y yo delante vi como lloraba con su impotencia para hacerme estudiar, vaya trago, se me quedó grabado, por eso cuando llegué a B.U.P decidí que no quería seguir estudiando en un colegio de pago, quería ir a uno público, tenía tal remordimiento de que mis padres se gastaran dinero en mi que mi decisión fue pensada como adulta, o al menos eso era lo que yo creía, ahí empezaron mis problemas más gordos.

Las clases ya resultaban agobiantes, mis hombros estaban en tensión, mi cuerpo rígido, mi cabeza mareada y quizás por eso cuando con la gente que me juntaba se iba al bar yo también lo hacía, el alcohol empezó a ser un sustituto de mi rigidez, de mi tensión, de mis mareos…

Mi primera crisis fue un día que me dirigía al instituto en el metro, he de decir que ya para mi era una pesadilla cogerlo a diario, llevaba mis libros de lectura para entretenerme, libros de esos que era una historia y te hacía escoger entre una página u otra, eso parecía que me entretenía pero solo un momento. Un día empecé a ponerme muy nerviosa en el vagón, empecé a marearme más de lo normal, mi pulso se aceleró, mi mareo también, las nauseas se acrecentaron y doy gracias a que no había mucha gente, las di a ese momento las gracias, ahora se que da igual la gente, si es mucha o poca. Creía que me moría, necesitaba llegar y el metro cada vez tardaba más y más en llegar a mi destino, tampoco podía bajarme en una estación por que eso significaba tardar más. Cuando llegué estaba pálida y buscaba a mis compañeros con horror. No pude asistir a clase, ya no pude ir sola y así poco a poco fui dejando de asistir.

Me recriminaban constantemente que no fuese a clase y que sí pudiese salir con mis amigas, lo que no sabían, ni siquiera yo misma era consciente de ello, era que al salir el alcohol era el que me hacía seguir adelante. Mi madre era la primera en decirme- "Estás mala los lunes pero cuando llega el fin de semana te recuperas", si en aquél entonces se hubiese preocupado más por lo que en realidad me pasaba!!, en realidad a día de hoy no culpo a nadie de todo lo que pasé, de todo lo que me pasó, de lo mal que me iba, ni tan siquiera a mi misma que he vivido con la culpa durante toda mi vida.

Empecé a leer sobre la ansiedad, libros de autoayuda, que de poco sirven, al menos a mí. Cuando estaba leyendo uno de esos libros que caían en mis manos, vi que todas las cosas que sentía yo, mis mareos, mis nauseas, en fin todo, y pensé que al fin alguien sabía lo que era eso, que no era la única!!!, decidí decirle a mi madre "te dejo este libro con las páginas marcadas de lo que a mi me sucede", se lo dejé en un taquillón que teníamos en la entrada, bueno pues ese libro estuvo allí semanas, jamás lo leyó. Ahora creo que no lo hizo porque en realidad no lo quería saber, porque no soportaba que su hija tuviese un problema, no lo quería admitir.

El día que le dije que quería asistir a clases de mecanografía igual que mis hermanos me dijeron que no, que yo no iba a ser nada por que no hacía nada y que no me permitiría ir.

Cuando conocí al que hoy es mi marido empezó a funcionar un motor que me hacía ser fuerte para mis encuentros con él. Todos los momentos que le he hecho salir de los sitios por mis crisis de ansiedad, por mis miedos!!. En los restaurantes no pedía mucha comida por q me asustaba querer salir corriendo y dejar mi plato lleno de comida, que pensarían de mi!!!, y si comía y vomitaba??. Le hacía comer deprisa a él para salir enseguida. Él me ayudó mucho y quizás es el que más ha notado mi cambio, porque el cambio se produce cuando dependes de alguien, en mi caso después de mi familia fue mi marido, y ve la transformación, debe ser duro y por eso también estoy orgullosa de él por superarlo conmigo y empezar a vivir él un poco su vida teniendo un espacio que antes yo le invadía. Ahora miro atrás desde el recuerdo y no me reconozco, no reconozco a aquella niña- mujer con tantos miedos.

Llegué a dar clases de música para sustituir a mi padre (eran niños de 14-15 años, historia de la música, y yo con 18 años y sin carrera, solo con unos años de Solfeo, pero mi padre me decía que solo tenía que limitarme a leerles el libro y enseñarles las notas de música), él no le apetecía ir por todo el trabajo que tenía y me hizo ir a mí, pero era tal el pavor que solo el trayecto me horrorizaba, parecía que iba directa al paredón, mi cabeza daba vueltas, mi delgadez era extrema, y mi tensión bajísima, ahí es cuando empecé con las gotas de efortil( gotas para subir la tensión), si me sentía mareada efortil al canto, aún ahora al recordarlas siento como llega su sabor amargo a mi boca, Podría haberme dado algo al corazón pero la sugestión era más fuerte.. Uno de esos días llegue llorando, era tarde y ni había comido, mi madre me preparó un huevo frito y yo lloraba diciéndole a mi padre que no quería volver, me comía el huevo del hambre que tenía mientras mis lágrimas recorrían mi cara y mi padre me daba una charla diciendo que era toda una oportunidad y que tenía que seguir yendo, yo negaba y él con su charla y sin entender mi pavor, no recuerdo si seguí pero si lo hice fue por poco tiempo más e imagino que daría las gracias por dejar ese tormento.

Mi novio, ahora mi marido fue el que me empujó a ir al psicólogo y yo busqué uno que no hubiese que hacer muchos trasbordos en el metro. Allí empecé y duré 4 años de psicoanálisis, no sé muy bien si sirvió para algo, solo sé que lloré todo lo que no había llorado, y con mucho cuidado de que mi madre no me lo notase al salir por q si no tenía que escuchar- ¿"por qué lloras si lo tienes todo en la vida!!!"?.
Era una lucha ir allí, alguien tenía que venir conmigo y tenía casi que suplicar por que a todos les daba pereza,- Cuándo irás sola!!!, decían.

Mis recuerdos en el diván del psicoanálisis eran de seriedad y suponía un poco de miedo, yo me tumbaba siempre, durante los cuatro años, en la misma posición y ella se ponía detrás de mí, a veces pensaba que tenía una puerta secreta y que se marchaba durante el tiempo que yo estaba tumbada, los silencios se hacían eternos. Siempre la misma posición al cruzar mis pies, que descruzaba para volver a cruzar con el otro pie, las manos cruzadas agarrando mis dedos y la vista fija en un cuadro de moonet, un paisaje al que buscaba algo y no encontraba nada. El último año ya iba algunos días sola, y cuando me casé y me fui a vivir fuera de Madrid le dije que no volvería, no estaba de acuerdo, me dijo que no estaba curada, pero yo no podía seguir pagando esas consultas.

Creo que fue lo mejor que pude hacer, siempre me atormentaba el dinero que mis padres se gastaban en mi, y así la culpa seguía en mi vida una vez más. De esa manera creí que ya podía vivir sin el miedo, mi circulo estaba cubierto, en él no necesitaba nada más de momento… y digo de momento porque pronto empecé a sentir que no quería eso, que mi vida volvía a los mareos y la tristeza en un sillón que aunque ya no era el de mis padres me seguía castigando por dentro. El sillón ha sido mi refugio durante años, en él me pasaba los días durmiendo o atontada con la televisión y sino el siguiente refugio cuando me encontraba sola eran mis vecinas, siempre encontramos un pretexto y embaucamos a los demás, los llevamos con una facilidad a nuestro terreno que a veces me sorprendo recordando las maravillas que hacía para no quedarme sola.

Cuando nació mi primer hijo entendí que no podía tenerle encerrado y creo que los primeros años me ayudó a salir con el carrito agarrado a mis manos como si fuera un mango del que no pudiese soltarme para no caerme, le agarraba con tal fuerza cuando caminaba que no sé cómo no lo tronché. En esas salidas siempre había alguien con quien quedar en un sitio no muy lejano si no ya me encargaba yo de mediar.

Cuando iba en el coche conduciendo era curioso porque a cada paso que daba y me angustiaba pensaba que había una puerta donde llamar y que me auxiliaran. Un día iba en el coche con mi hijo y le dije "nos damos la vuelta a casa", yo estaba atacada y él me dijo "venga mamá que tu puedes", creo que me hizo reaccionar y sacudir la cabeza despertando y pensando que no podía seguir así, por él y por mí.

Encontré Amadag y la información fue vital. Las exposiciones eran duras, hubo un buzón que se me atragantó y así di otro paso para tener otra meta. No puedo contestar cuando me preguntan que he hecho para conseguir montar en metro, autobús, tren, avión…, ni cómo he podido trabajar si haberlo hecho anteriormente por miedo, miedo a todo, miedo a confundirme, miedo a pensar, miedo a no pensar, miedo a caminar mirando al frente, miedo a mirar a los ojos, miedo a respirar, miedo a vivir…

La respuesta está en lo que queremos y deseamos, hacer cosas con miedo, pero hacerlas y sobre todo como me decía mi amiga, mi mejor amiga, mi alma gemela "si tienes miedo te jodes pero vas". Encontré en Amadag a mi mejor amiga a la que me ha ayudado en lo más duro, encontré psicólogos, encontré amigos más que psicólogos, personas con ganas de ayudar y que a día de hoy aún me ayudan. Desperté y seguí viviendo pero ahora con los ojos abiertos.

Estaré siempre agradecida a todos los que me ayudaron y a quien sin creerlo ni quererlo también lo hizo, porque enfrentándome a la gente, discutiendo y sacando mi carácter (ese que no tenía ante los demás, ese que solo usaba con los de mi casa y cuando salía de ahí era cuando salía la sumisa la buenecita) aprendí a defenderme a tener un par de narices.

Ahora podría disfrutar de una lectura en la playa sin necesidad de estar acompañada, sin miedo, y digo esto porque alguien en la asociación un día dijo "echo de menos ir a la playa sola y tumbarme a leer como hacía antes", me chocó tanto cuando lo dijo que me sorprendí y pensé - ¿yo nunca he hecho esas cosas, no sé lo que es estar sola, no se lo qué es disfrutar de nada sola?

Cuando ahora voy sola en el tren y me ataca ese gusanillo, ese miedo que empieza en mi cabeza "hay hay hay, que vengo!!!", es ahí cuando cambio mi chip, recurro a mi móvil y si no hay nadie pienso en la realidad "¿qué puede pasarme?, déjame ya en paz!!!". No sé si volverá, no sé si me moriré del pánico, pero si sé que si me caigo volveré a levantarme y seguiré los mismos pasos aunque tenga que empezar desde cero, porque yo sí creo que esto se supera, con ganas, esfuerzo y no pensando en ello.

Me he enfrentado a muchas cosas, a muchos miedos, y sé que tengo que seguir haciéndolo pero ahora sé que no pasa nada que está en mi cabeza pensar lo que quiera y prefiero vivir con miedo antes que morir viviendo.






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